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Aprendiendo a pensar

Ing. Estibaliz Martin

Después de haber estudiado una carrera muy demandante en una universidad orientada a la excelencia, cuando las personas

más jóvenes me preguntan ¿qué es lo que aprendiste? Respondo que aprendí un poco de todo, pero que de ninguna manera me siento

experta en ningún tema.

Esto es lo que es la universidad, una institución que prepara a los alumnos en un universo de temas pero los deja sin saber nada a fondo. Sin embargo me dio una lección de vida que no quería pero que en verdad necesitaba. La universidad me enseñó a pensar.

Al inicio de mis años escolares lo más importante para mí y para mis padres era tener las mejores calificaciones posibles. Y con esto no quiero decir que obtenerlas sea algo negativo, al contrario. Pero lo que aprendí en la escuela fue a memorizar para pasar un examen lo cual me daba (y creo que a todos nos da) buenos resultados académicos.

El problema vino después, cuando entré a la universidad. Aquí  la dinámica era diferente. Uno se enseña solo, los profesores están disponibles para asesorías  y contestan dudas en clase, solo que quieren que uno estudie y entienda los conceptos sólo y que luego llegue solamente a aclarar dudas.

 Yo solamente estaba acostumbrada a repetir lo que veía escrito.  Antes de la carrera los profesores nos daban todo “Peladito y en la boca”. Es decir, el examen era de lo que había estado escrito en el pizarrón o en la diapositiva. 

Fue un shock total el momento en el que traté de contestar mi primer examen de la carrera. ¡No sabía nada! No porque no había pasado horas estudiando y practicando, sino porque me habían cambiado la jugada, el profesor quería que aplicara los conceptos vistos en clase y los usara para resolver un problema real.  Fue en ese momento que me di cuenta que nadie me había enseñado a pensar por mí misma.

Después de darme  “de topes” aprendí que en efecto los conocimientos y habilidades más importantes  que uno puede aprender no son las que nos escriben en un pizarrón, no son las cosas o términos que memorizamos para pasar el examen. Lo más importante es saber cómo usar diferentes herramientas, cómo encontrarlas y cómo juntar todos esos conocimientos para la resolución de un problema.

La química puede ser una materia pesada y difícil para muchos pero de nada nos sirve ir y aprendernos la tabla periódica. Los empleadores no buscan a alguien que sepa que el agua tiene dos hidrógenos y un oxígeno. Buscan a alguien que pueda imaginar, investigar, razonar y usar su pensamiento crítico.

Gracias a varios de mis profesores, que me dedicaron su tiempo para escucharme, resolver mis dudas y más que nada me ayudaron a “aterrizar” conceptos con ejemplos y situaciones de la vida real, logré terminar mi carrera, y lo que es mejor aprendí a pensar por mí misma.